miércoles, 16 de julio de 2014

Reflexiones sobre Francis Veber

Make them laugh, Make them laugh, cantaba el inolvidable Donald Oconnor en su musical de Singinˋin the rain y pienso que tenia razón, el cine y la risa son los mejores remedios para hacernos olvidar -por un rato- nuestros problemas existenciales, por eso me encantan las comedias, sobre todo cuando están bien escritas y es por esa misma razón que me gusta Francis Veber.

Francis Veber, periodista, guionista y excelente director de cine francés nos ha legado algunas de las comedias mas inolvidables y -porque no- remakeadas por Hollywood (la ultima en el 2010, Dinner for schmucks, con Paul Rudd y Steve Carrel). Dueño de un estilo particular, Veber tiene un personaje carateristico que parece poblar su filmografía: Francois Pignon.

Interpretado por diferentes actores, el rostro de Francois y su edad podrán variar, pero la esencia se mantiene: Francois Pignon es ante todo un tipo afable, por momentos un poco tonto, generalmente de clase trabajadora, que se verá envuelto de una manera u otra en la especie de aventura que constituye el film. Buscando a un supuesto hijo adolescente en Le comperes. Robando un banco en Les Fugitifs; teniendo mala suerte en La chavre. Siendo el invitado a una cena muy particular en Lediner du cons, o haciendose pasar por un gay en Le Placard. Algunos de los actores que tuvieron oportunidad de personificarlo fueron Pierre Richard en varias ocasiones, Jacques Villeret y Daniel Autieul.

 Acompañando a este personaje “tonto” se encuentra el personaje de turno que ocupa el lugar de tipo despabilado o astuto, quien va a tener que cargar con los inconvenientes surgidos de la dupla. Incluso en La Cage aux folles y sobre todo en La cage aux folles II podemos observar claramente como la comedia y el enredo mas desatado reposa en el personaje de Albin mientras que Renato es quien debe lidiar con los problemas en los que se ven envueltos.

 Pero volviendo a las generalidades, de la unión de estos compañeros inesperados no sólo surgen los conflictos que son el motor del film, sino que se traba una especie de relación, que excede a la historia: la amistad. Es por eso que la complicidad surgida de la amistad de estos individuos es otro de sus elementos característicos, y si me lo preguntan el esencial: la amistad es el motivo por el cual nuestros héroes terminan afrontando las vicisitudes y recibiendo la moraleja -si es que tienen algo que aprender- del final, el resultado de su viaje como héroes improbables. Y es que resulta asombrosa la capacidad de Veber de innovar y contar historias distintas manteniendo una estructura similar a lo largo de su filmografía. Sólo basta centrarnos en la dupla Gerard Depardieu- Pierre Richard que podemos observar en Les comperes, La chavre y Les fugitifs donde Depardieu encarna al astuto mientras Richards encarna a Pignon para observar la capacidad de contar historias distintas bajo la misma dinámica, sin repetir gags y sin aburrir al espectador.

Llegamos al final, superamos todos los enredos e inconvenientes del viaje o de la velada y parece que todo termina pero esto sucede repentinamente, sólo porque los créditos finales aparecen rotundamente sobre alguna acción inconclusa que da lugar a un gag final, sin llegar a constituirse en una coda, sólo para recordarnos que esta comedia, al igual que la vida podría continuar, porque se halla en la naturaleza de nuestros protagonistas, y así es como Francis Veber se despide de la pantalla en un fade out quizás de la voz de nuestro adorable y gracioso Francois Pignon. Saludos Amantes del séptimo arte!.

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